Art. 2 – Las Apariciones del Ángel

Las apariciones de la Virgen en Fátima fueron precedidas por tres apariciones del ángel, presentadas como el ángel de la paz y Portugal (algunos de los principales conocedores de Fátima asumen que probablemente podría ser incluso el Arcángel de San Miguel). Prepararon a los tres pequeños videntes para dar la bienvenida a lo que la Virgen vendría a decirles, poco después. Su contenido espiritual y teológico es extremadamente importante, por lo que merecen ser profundizados naturalmente siempre a partir de la fuente segura de las mismas palabras de Sor Lucía (reportadas en sus Memorias).

La primera aparición del ángel tuvo lugar en la primavera o el verano de 1916 en un pato de la colina de Cabeo cerca de Aljustrel, la aldea donde vivían los pequeños pastores. Así lo dice Santa Lucía: Hemos estado jugando durante algún tiempo, y aquí un fuerte viento sacude las plantas y nos hace mirar hacia arriba para ver lo que estaba pasando porque el día estaba tranquilo. Así que empezamos a ver a cierta distancia, en las plantas, un blanqueador ligero que la nieve, con la apariencia de un joven transparente de 14 a 15 años, de gran belleza (…) Cuando vino a nosotros, dijo: “No tengas miedo. Soy el ángel de la paz. Ora conmigo.” Y, arrodillado en el suelo, curvaba la frente hacia el suelo. Lo imitamos y reitermos las palabras que le oímos decir: “¡Dios mío! Creo, me encanta, espero y te amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no los aman”. Repitió esto tres veces, se puso de pie y dijo: “Ora así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas.” Y desapareció.

La segunda aparición tuvo lugar en el verano de 1916 en el pozo de la casa de los padres de Lucía donde los niños jugaban. El ángel dijo: “¿Qué estás haciendo? ¡Orar! ¡Rezad mucho! Los Corazones Santísimos de Jesús y María tienen designios de Misericordia sobre vosotros. Constantemente ofrecen las oraciones y sacrificios altísimo”. Lucía preguntó: “¿Cómo debemos sacrificarnos?” Respondió: “De todas las maneras posibles, ofrécele a Dios un sacrificio en el acto de reparación por los pecados con los que se ofende y de súplica por la conversión de los pecadores. Esto trae paz a tu patria. Soy su ángel guardián, el ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y perseveran con sumisión el sufrimiento que el Señor os enviará”. Y desapareció.

La tercera aparición tuvo lugar al final del verano o principios de otoño de 1916 de nuevo en Cabeo. Mientras los niños, arrodillados con los rostros en el suelo, repitieron la oración del ángel, vieron una luz desconocida y el ángel apareció con un Cáliz en su mano izquierda y, suspendido sobre él, una hostia de la que cayó, terminando en el Cáliz, unas gotas de sangre. Aquí están de nuevo las palabras de Santa Lucía: Dejando el Cáliz y la Hostia suspendido en el aire, se prospedió al suelo cerca de nosotros y repitió la oración tres veces: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os amo profundamente y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los Tabernáculos del mundo, en reparación por los ultrajes, el sacrilegio y la indiferencia con los que se ofende. Y por los infinitos méritos de Su Santísimo Corazón y su inmaculado Corazón de María, os pido que conviertas a los pobres pecadores. Luego levantándose tomó de nuevo el Cáliz y la Hostia, y me dio la Hostia (Lucia, nda) y lo que contenía el Cáliz le dio una bebida a Jacinta y Francisco, diciendo, Toma y bebe el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente indignados por hombres desagradecidos. Repara sus crímenes y consuela a tu Dios. Una vez más prostore en el suelo, repitió con nosotros tres veces más la misma oración “La Santísima Trinidad, etc.”, y desapareció.

Hay muchas ideas para nuestra vida interior que nos llegan de estas tres apariciones del ángel. En todo lo que destacamos la centralidad que tiene la Santísima Eucaristía en el mensaje de Fátima. Es un preludio, traído por el ángel, y anticipa las apariciones de la Virgen.

La vida de todos los santos nos revela cómo la Santa Misa es siempre la culminación de la vida espiritual, el punto de mayor intimidad de la relación con Dios y la cumbre de la vida de unión entre el alma y Dios; El acercamiento de un alma en La gracia de Dios a la Santa Comunión, en la que la visión de Dios es ocultada sólo por una humilde Hostia, es verdaderamente la experiencia mística más alta que se puede realizar en esta vida, muy superior incluso a cualquier revelación, éxtasis o milagro del cual el Señor pueda beneficiarse, a Su discreción, de un alma. San Francisco de Asís dijo que el hombre debe temblar, el mundo debe temblar, todo el cielo debe ser movido cuando el Hijo de Dios aparece en el Altar, en las manos del Sacerdote. San Pío de Pietralcina recordó cómo“el mundo puede ser sin el sol, pero no sin la Santa Misa”. Y San Curé de Ars declaró: “Todas lasbuenas obras reunidas, no equivalen al sacrificio de la Misa, porqueson obra de los hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios” y añadió: “La causa de larelajación del Sacerdote es que no se presta atención a la Misa!”

Las palabras del ángel recuerdan a nuestra mente y meditación, muchos otros temas que profundizaremos en los próximos artículos, ya que están estrechamente relacionados con el mensaje de las apariciones de la Virgen. Entre ellas recordamos: las tres virtudes teológicas de la Fe, la Esperanza y la Caridad(creo, espero y os amo…), la gravedad del pecado y la necesidad de reparación, la importancia de la oración y la Adoración, el valor del sacrificio y la aceptación y la ofrenda del sufrimiento para obtener la conversión de los pecadores y la protección de la patria, la sumisión a Dios, la presencia real de Jesús en la Santísima Eucaristía, la justicia divina, etc.

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