MANIFIESTO

De un sueño de san Juan Bosco:

«Misteriosamente me encontré en la playa del mar, en un escollo aislado. En las aguas vi una multitud incontable de buques listos para guerrear, armados de cañones, cargadas de escopetas, de armas de toda clase, de material incendiario y también de libros. Todos avanzaban hacia un navío mucho más grande y alto, intentando hundirlo o prenderle fuego. Muchos otros barcos escoltaban este navío majestuoso y dotado de todo, recibiendo órdenes para defenderse de los enemigos. Plantadas en el mar, se levantaban dos columnas robustas y altísimas, a poca distancia la una de la otra. Encima de una de ellas estaba la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies tenía escrito: “Auxílium christianórum – Auxilio de los cristianos”. Encima de la otra, mucho más grande y elevada, estaba una Hostia de tamaño proporcionado al de la columna, con estas palabras: “Salus credéntium – Salud de los creyentes”. El Capitán General del gran navío, que es el Romano Pontífice, viendo el furor de los enemigos, convocó a su presencia a los pilotos de los barcos menores, para tener consejo. Como la tempestad arreciaba cada vez más, los devolvió cada uno a su barco.
El Papa sujetaba el timón y sus esfuerzos miraban a conducir el buque entre de las dos columnas. Los buques enemigos trabaron batalla, pero todo esfuerzo fue inútil. El Papa, superando todo obstáculo, llevó el navío hasta las dos columnas y, ubicándolo en medio de ellas, con una cadenilla que pendía de la proa lo ató a un ancla de la columna en la que estaba la Hostia; con otra cadenilla lo ató, del costado opuesto, a la columna en que estaba la Virgen Inmaculada. Entonces, la situación dio un vuelco total. Los buques enemigos se huyerons atropelladamente, chocaron y se hundieron unos con otros, desapareciendo en remolinos del mar.
Todo quedó en calma.
Llegando a este punto de la narración, el p. Bosco preguntó a uno de los presentes: “p. Rúa, ¿qué opinas de lo que acabo de contar?”

El p. Rúa contestó: “Creo que el navío del Papa es la Iglesia, de la cual es él cabeza. El mar, los barcos y los hombres representan el mundo. Los que defienden el gran navío son los buenos, los que aman a la Santa Sede. Los otros son los enemigos de la Iglesia, quienes, con todo tipo de armas, intentan anonadarla. Las dos columnas de salvación me parece que son la devoción a María Santísima y la al Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

El p. Bosco añadió: “Así es, pero hay que corregir una expresión: los buques de los enemigos son las persecuciones. Se están preparando gravísimas pruebas para la Iglesia. Cuanto hasta ahora ha sufrido se puede decir que es nada en comparación con lo que ha de acontecer”».

El sueño de San Juan Bosco resume bien el período actual de la historia humana. De hecho, estamos siendo testigos del cumplimiento de un plan totalitario global que se está traduciendo en una esclavitud total de la raza humana y la creación intencional de un caos generalizado. Nunca antes había sido tan grande el riesgo, no solo de perder las libertades más elementales, sino de ser llevados a niveles de civilización que no dudamos en definir como infrahumanos.

Lo que asistimos hoy es sólo la fase final de un proceso que se viene desarrollando desde hace siglos y que tiene como objetivo el desmantelamiento del orden tradicional y, sobre todo, de la Iglesia Católica Romana, que durante siglos ha representado, y por sí misma representa, principal barrera contra la propagación de fuerzas demoníacas que lideran el proceso revolucionario, aunque hoy parece haber perdido esta misión fundamental en sus jerarquías y en muchos de sus integrantes.

En este momento dramático estamos conscientes de que ya no es tiempo de diplomacia. Con estas fuerzas satánicas no es posible el diálogo. En efecto, ellas quieren borrar de la faz de la tierra toda huella de Verdad y toda alusión aunque sea a la mera idea de Dios. Desde siempre buscan asolar la civilización cristiana de tal manera que ni el recuerdo de ella sobreviva. Tenemos que caer en la cuenta de que esta es la Guerra. Una guerra cuyo combate es sobre todo sobrenatural.

Y, según sabemos y según ha acontecido ya en el pasado, cuando todo parece perdido, el Cielo acude en auxilio. Sólo un Nombre hay que tiene el poder de desbaratar estos planes satánicos y es el de Nuestro Señor Jesucristo, ante cuyo Nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y bajo tierra. Nuestro Señor encomendó a la Virgen María conducir a las milicias celestiales para que aplasten la cabeza de la orgullosa serpiente y logren el seguro triunfo de su Corazón Inmaculado.

¡En este escenario nace Exsurge Christianitas! Nuestra lucha es una Cruzada y nuestra acción es la Contrarrevolución. No una revolución en sentido opuesto pero igual, que genere nueva opresión, en cuanto alimentada por el mismo odio radical. Sino una acción que apunte a restablecer la verdadera Tradición y el Orden violado. Nuestro lema no puede hacer más que recuperar el del santo Pontífice Pío X: Instaurare omnia in Christo – Establecerlo todo en Cristo. Única garantía de Verdad, Justicia y Libertad, y por eso única garantía de paz.

Por lo tanto, nuestra Cruzada empieza primero que todo del llamamiento, pero a armas sobrenaturales.

Inspirándonos en el sueño de san Juan Bosco, nuestro preciso objetivo es recuperar dos antiguas y muy poderosas prácticas de piedad que conciernen al culto de María en la advocación de Auxílium Christianórum y al de la adoración al Santísimo Sacramento, hoy más que nunca ultrajado.

Primera arma:
Renovación de la Hora de Guardia del
Rosario Perpetuo a la Reina de las Victorias

Inspirados en una antigua Cofradía fundada el comienzo del siglo XVII por el p. dominico Tomás Ricci y revitalizada en 1885 por el beato Bártolo Longo, queremos crear una cadena de oración initerrumpida de manera que colaboramos cada uno con su aporte para sostener las fuerzas que, en este momento terrible, trabajan para Cristo y su Iglesia. Sabemos, de hecho, que «nuestra batalla no es contra creaturas de sangre y carne, sino contra los Principados y las Potestades, contra los señores de este mundo de tiniebla, contra los espíritus del mal que viven en las regiones celestes»  (Ef, 6,12).

Este grupo constituirá en este mundo la Guardia de honor de la Reina de los Ángeles y sus miembros podrán formarse para la batalla como Caballeros de María.

Objetivo del Rosario Perpetuo es, entonces, hacer que el santo Rosario se rece en toda hora del día y de la noche, sin interrupción desde el primer día del año hasta el último, en todo lugar alcanzable, y rendi r a María un culto perpetuo, para que nos obtenga un socorro perpetuo.

El Rosario Perpetuo tiene como intención pedirle a Dios, a través de María, el bien de toda la humanidad y especialmente:

  1. El triunfo del Inmaculado Corazón de María y la liberación de la humanidad de las fuerzas infernales y de las sectas que cooperan con él y son su instrumento.
  2. La conversión de los pecadores y la salvación de las almas para mayor gloria de Dios, conquistando para María Santísima el mayor número de almas posible, para que por medio de su Corazón Inmaculado se unan más perfectamente con el Sacratísimo Corazón de Jesús y con la voluntad de Dios.
  3. La restauración del Ordo christianus, único orden capaz de garantizar el verdadero bien espiritual y material del hombre, en cuanto conforme al querer divino. La restauración del Orden cristiano implica el desmantelamiento de las fuerzas revolucionarias, la reafirmación de la primacía de la Verdad como principio fundante del pensamiento y de la acción, contra la apostasía, el modernismo teológico y el relativismo moral que cunden dentro y fuera de la Iglesia; la formación de un tejido social católico y de un sistema de gobierno que dé la primacía a las leyes de Dios, fundamento del verdadero bien común.

Segunda arma:
Restablecimiento de las Lámparas vivientes

Reanuda la práctica de la Cofradía fundada por el santo Cura de Ars que tenía como fin crear una cadena de adoración perpetua a Jesús sacramentado, de manera que se rindiera homenaje continuo a Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar. Es esto de suma importancia también en vista de la reparación, en un momento en que la Santísima Eucaristía es tan pesadamente ultrajada y ofendida todos los días.

Tomado de la Constitución de las Lámparas vivientes [1]:

«Las Lámparas vivientes son almas elegidas que quieren dar perenne culto de adoración al Santísimo Sacramento y comprometerse a que, por lo menos en las horas diurnas, el divino Rey se vea siempre rodeado por adoradores que le presenten sus homenajes, sus súplicas, sus declaraciones de amor a nombre propio y de todo el pueblo cristiano.

Ya que Jesús quiso establecer su morada perpetua entre nosotros, ¿no es conforme a la justicia que haya almas que continuamente lo reconocen y lo adoran en este sublime Misterio de su amor?»

Objetivo de las Lámparas Vivientes es, entonces, formar una red de adoración a Jesús sacramentado.

Exsurge Christianitas nació, por tanto, como una liga de hombres y mujeres generosos que tienen como objetivo ofrecer el aporte de la oración e implorar la ayuda divina para la mediación de la Inmaculada Concepción, en el difícil momento de época que vivimos.

Conforme al mensaje de Fátima, reconocemos el valor sobrenatural de penitencia y reparación para lograr los objetivos antes expuestos. A este punto, es necesario poner en evidencia otro aspecto fundamental: en su aparición en Fátima, la Virgen conminó: «¡Basta ya de ofender a mi Hijo! De otra manera, a esta guerra ¡seguirá otra aún peor!». Quienquiera que se reconozca en cuanto hemos dicho antes, ha de comprender que una red de oración no puede lograr nada eficaz, si no procede juntamente con el sincero esfuerzo de reformar la propia vida. Por un lado, en la medida de lo humanamente posible, con la indispensable ayuda de la gracia santificante y la asidua frecuentación de los Sacramentos, ha de acabarse el propio pecado individual. Por el otro lado, ha de afirmarse una actitud de ofrecimiento de sí mismo, unido al espíritu de reparación de los pecados del mundo entero.

Este espíritu de austera militancia, que distinguiría a los que se adhieren a este plan, queda bien expresado en el exordio de la regla primitiva de la Orden del Templo, escrita por san Bernardo de Claraval:

«Nos dirigimos, en primer lugar, a cuantos desprecian profundamente la propia voluntad y desean servir a Cristo, Rey supremo, como caballeros, con pureza de corazón, y revestir ahora y para siempre, con pronta disponibilidad, la muy noble armadura de la obediencia».

Del mismo modo le pedimos a quienquiera que se sienta llamado en este momento crítico de la historia humana, que dedique toda energía posible a la Causa. Ya no es tiempo de tibieza. Es la hora de la decisión, la hora en que se decide tras cuál estandarte queremos militar. No hay una tercera posibilidad: o servimos a Cristo y a su Iglesia o servimos al Enemigo junto con sus huestes diabólicas.

Si Dios nos dará valor, nuestra actividad quiere ir más allá. La oración se unirá a la estrategia y la acción.

Conscientes de que los frentes son muchos, queremos trabar una múltiple batalla en el plano cultural, de la educación y de la civilización.

El primer paso es usar la comunicación y la formación para restablecer la verdad histórica, sepultada por siglos de mentiras dirigidas ante todo contra la Iglesia católica, al punto que incluso los católicos actuales dan por obvios los contenidos de las leyendas negras inventadas adrede desde Lutero en adelante. La reconstrucción de la verdad histórica nos puede ayudar a entender correctamente la malicia ideológica de muchas cosas actuales. A través de la ilustración, los movimientos de independencia, la revolución comunista en Rusia, la emancipación sexual, etc., hemos llegado a la dictadura del transhumanismo actual, en coherente continuidad con todo lo anterior. El medio que permitió el desarrollo di tan largo proceso es el uso consciente y masivo de la mentira y la falsificación de los hechos para ensañarse contra todo lo tradicional y, especialmente, contra la Iglesia católica.

El segundo paso es actuar a nivel económico, para evitar de alimentar y sostener el monstruo demoníaco que oprime la humanidad, e ir creando una alternativa política con sanas bases tradicionales, que recupere el valor de las experiencias políticas del tiempo de la sociedad cristiana, borradas por el absolutismo, el liberalismo y las independencias guiadas por la masonería.

El tercer, pero no menos importante paso, es la recuperación del valor y la belleza de la liturgia tradicional tridentina, favoreciendo su conocimiento y difusión entre sacerdotes y fieles laicos, e revolcando el rumbo de estas últimas décadas de “creatividad litúrgica” que ha generado innumerables abusos. La liturgia tradicional tiene un enorme poder exorcizante, es fuente de fuerza espiritual y alimento para las almas, y ha generado incontables santos a lo largo de los siglos. Este objetivo es, pues, fundamental para la renovación de la civilización católica.

Es éste el ambicioso proyecto que tenemos.

La mentalidad escéptica contemporánea podrá sonreír ante lo que parece querer recuperar realidades anacrónicas y obsoletas. Pero como nos enseña el Doctor Angélico, el tiempo y el número no son criterios de verdad. La verdad es atemporal y se manifiesta en el orden del Ser a pesar de cualquier negación.

La realidad de los hechos no puede hacer más que darnos la razón, pues, a medida que el nihilismo pasa de la teoría a la práctica, les tocará incluso a los escépticos de hoy admitir sus errores y agarrarse a la única salvación que es Cristo y su Iglesia. La alternativa es sucumbir. A ellos la elección.

NOS DIRIGIMOS, ENTONCES, A TODOS LOS QUE SE SIENTEN LLAMADOS A LA LUCHA:
¡UNAMOS LOS ESPÍRITUS, LAS ALMAS, LOS CORAZONES Y LAS FUERZAS!¡ÉSTE ES EL MOMENTO
Y QUIZÁ NO HAYA OTRO!

Así dijo santa Juana de Arco:

«Cuando el enemigo parece prevalecer en el combate, cuando sus fuerzas parecen aplastarte, cuando parece que la estrategia adoptada no resulta eficaz y las tropas retroceden, entonces hay que continuar batallando de otra manera: dispérsense los combatientes en pequeñas agrupaciones, los guerreros se mantengan unidos y la guerrilla se haga intensa y molesta; recupérese el espíritu de cuerpo, afiáncese la fraternidad, aguántese el esfuerzo de ir contracorriente y no se pierda ocasión para herir al corazón al enemigo, con acción ágil y rápida. A nosotros la batalla, ¡a Dios la victoria!».

Si Dios lo permite y nos da fuerza, lograremos todo esto.

¡Para mayor gloria de Dios!

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[1] P. Giuseppe M. Petazzi S. J. – Lampade a Gesù! – Trieste – Lampade Viventi 1939-XVII